Los mejores momentos de Ronaldinho

Mi afición por el futbol comenzó en el 2004, y aunque de los equipos españoles el que me atrapó fue el Real Madrid, mi jugador favorito no era de ese club, sino del mayor rival: el Barcelona.

Nunca vi jugar a Di Stéfano, Pelé, Maradona o Hugo Sánchez, sino que Ronaldinho fue el primer gran astro futbolístico que vi jugar en su mejor momento. La magia increíble que era capaz de hacer con el balón no la he vuelto a ver en ningún otro jugador, ni en Cristiano Ronaldo, ni en Lionel Messi, ni en ninguna otra estrella de las que hoy acaparan los reflectores. Todavía recuerdo los aplausos en el Santiago Bernabéu aquél día en que el Barcelona goleó al Real Madrid a domicilio en noviembre de 2005 con una espectacular actuación suya: debía ser un momento de rabia y decepción, mas era imposible no rendirse ante semejante rey del futbol.

Pero esa magia ya se esfumó. El fulgor de Ronaldinho se apagó en medio de una nube de conformismo y mediocridad, generada por la traición a sus propios valores: el gusto por el futbol, el poner el máximo esfuerzo en cada partido. Que sus propios fans, en vez de pedirle su autógrafo, lo saquen de las discotecas para que se vaya a dormir, es testimonio de lo bajo que ha caído; y aunque sus condecoraciones como mejor jugador del mundo en 2004 y 2005 le alcanzaron recientemente para ser nombrado como mejor futbolista de la década, es sólo un homenaje póstumo a un fenómeno que murió hace mucho tiempo y del que sólo queda su sombra haciendo bulto en las canchas de Italia… y eso cuando lo dejan salir de la banca.

Está claro que lo mejor de Ronaldinho quedó en el pasado. Muchos futbolistas eligen retirarse en su mejor momento y despedirse como estrellas, Ronaldinho prefirió dejarse caer a la vista de todos, olvidando esa esencia que muchos de nosotros aún recordamos con nostalgia.

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