Perfil de Twitter estilo Facebook

Los creadores de Twitter no entienden a Twitter

Esta es la conclusión a la que he llegado luego de toda la serie de cambios que han lanzado en la red social en los últimos tiempos; y especialmente, después del más reciente atentado que hicieron contra su creación. Hace dos semanas, mientras navegaba normalmente por el sitio, de repente vi cómo mi perfil cambió y se convirtió en esto:

Perfil de Twitter estilo Facebook 2014

Es el nuevo diseño del perfil que han estado probando desde el mes pasado con algunos cuantos usuarios, y por desgracia fui uno de los “elegidos”. Como siempre, hay opiniones para todos los gustos, y seguramente haya a quien le parezca mejor y más bonito que el actual. Yo, por el contrario, me quedo con las siempre precisas y elocuentes palabras de Ivan Valdez:

JAJAJAJAJAJA Qué asco, parece vómito.

El motivo es sencillo: eso no es Twitter, eso es Facebook. Es la prueba más clara de que los desarrolladores de Twitter han perdido completamente el rumbo y ya no saben ni en qué red están trabajando.

En lo particular, soy uno de los usuarios antiguos de Twitter (mi actual cuenta la creé en junio de 2011 tras el descanso que me tomé ese año, pero vengo usando Twitter con diferentes cuentas desde 2008) y he visto todos los cambios que ha hecho la red social en estos últimos 6 años. Personalmente creo que la mejor época de Twitter fue en 2009, antes de masificarse, cuando solo lo usábamos unos cuantos frikis; no solo por el ambiente geek que se sentía en toda la red en general, sino porque en esa época Twitter era Twitter.

La característica que lanzó a Twitter a la fama fue su sencillez. Había quienes lo definían como el “SMS de Internet” porque era igual de simple: un sitio ligero, limpio, sin aditamentos innecesarios ni cosas superfluas, solo una columna delgada en donde fluían en cascada mensajes de 140 caracteres. Nada más, eso era todo, y eso era precisamente lo que lo hacía encantador.

En esos 600 o tantos pixeles de ancho pasaban opiniones, enlaces, imágenes, vídeos, y hasta encuestas o vídeos en streaming. Era la época en la que estaba de moda desarrollar aplicaciones para Twitter que hicieran de todo, prácticamente había un ecosistema completo con el que podías hacer casi cualquier cosa con ese sitio tan sencillo.

Y entre las aplicaciones que proliferaban más estaban los clientes. Gracias a ellos podías llevarte el ecosistema de Twitter a donde quisieras: había desde clientes para escritorio potentes y llenos de funciones hasta clientes sencillos para el navegador con los que podías twittear desde cualquier página que estuvieras visitando, desde clientes elegantes con diseños espectaculares hasta clientes para la terminal de Linux o hasta para “twittear desde Excel“.

De entre todos esos clientes mis favoritos eran dos: TweetDeck y DestroyTwitter. Ambos hechos con Adobe AIR, uno poderoso y multicolumna y otro pequeño y bonito. Uno para cada ocasión y los dos magníficos desde su aspecto particular.

Pero entonces, todo empezó a cambiar. Twitter fue pasando de un rediseño a otro, y cada uno no hacía más que aumentar el peso de la página y sobrecargar ese diseño antes sencillo con más complejidades. La usabilidad era, asimismo, un completo desastre, con opciones regadas por todas partes sin aparentemente ningún orden lógico.

El resultado fue que, mientras la versión web de Twitter iba pasando de una catástrofe tras otra, los clientes se iban perfeccionando más y más y superando ampliamente las carencias del sitio oficial. Desde un punto de vista, esto debería haber sido perfecto para Twitter. Si a un usuario no le gustaba el diseño de la web, acababa encontrando un cliente que lo enganchara y seguía usando la red en lugar de irse. El problema era que Twitter tenía que monetizarse, y por alguna razón no se le ocurrió otra forma de hacerlo que controlar el ecosistema completo a toda costa.

El primer paso fue comprar al cliente más popular, TweetDeck. Sin embargo, en lugar de mejorarlo, estúpidamente se pusieron a caparlo de funciones hasta convertirlo en la misma basura que sus otros clientes, y como era natural, muchos de sus usuarios huyeron en desbandada (yo incluido).

En este punto cualquiera se habría detenido un momento a analizar la situación, pensar qué era lo que estaban haciendo mal y qué hacían bien los otros clientes, y cómo podrían mejorar el sitio con lo que los usuarios querían. Pero no, en Twitter siempre han sido bastante ineptos para notar lo que todos los demás vemos a leguas, y fue aquí cuando cometieron el peor error que se les pudo ocurrir: exterminar a los clientes de terceros, aquéllos que los habían ayudado a crecer en un principio, para forzar a los usuarios a usar su web y clientes mediocres sin tener que molestarse en mejorarlos.

Twitter killer

El método consistió, primero, en borrar la línea debajo de cada tweet que indicaba desde qué cliente había sido enviado para hacer como si no existieran, y posteriormente, en directamente limitar la API de los clientes de terceros para que solo pudieran aceptar 100,000 cuentas, a partir de las cuales tendrían que pagar si querían aceptar más. Por supuesto, todos los grandes clientes excedían de lejos los 100,000 usuarios, pero la gran mayoría eran gratuitos y sus desarrolladores no tenían con qué pagar a Twitter para usar su API.

Consecuencia: un genocidio de clientes en el que ha desaparecido prácticamente la totalidad del antiguo ecosistema, a excepción de algunos clientes de pago o con versiones Premium, otros que han encontrado alguna forma de saltarse las restricciones, y los que todavía no han alcanzado las 100,000 cuentas o los usuarios afortunados que se quedaron dentro de las 100,000 aceptadas por algún cliente. Una serie de acciones lamentables en las que Twitter ni siquiera ha intentado disimular que no le importan en lo más mínimo la opinión de sus usuarios ni su comunidad de desarrolladores, y que solo los ve como activos que hay que capitalizar.

La situación es como está actualmente. TweetDeck sigue en manos de Twitter y afortunadamente ha mejorado bastante a diferencia del primer destroce que sufrió, aunque sigue lejos de lo que era originalmente y pendiente en un limbo de lo que vayan a hacer con él en el futuro. Twitter sigue jugando con la interfaz web, lo más reciente con el diseño que encabeza esta entrada, que por ahora está en calidad de experimento y espero no lleguen a implementar de verdad porque eso no es Twitter.

Los creadores de Twitter no entienden a Twitter, no entienden que lo maravilloso de su creación era su sencillez y su gran ecosistema, no entienden que mientras más intentan cerrarlo y controlarlo y mientras más complejidad le añaden, más se alejan del principio que los hizo triunfar. Con cada actualización que le hacen pareciera que intentaran parecerse a Facebook o Google+, cuando el hecho de que algunos lo usemos es precisamente porque NO se parece.

Lo que ocurre ahora es que cada vez que entro a mi perfil me encuentro con una interfaz abarrotada y pesada, con líneas de diseño pésimas, y ya no puedo recurrir a DestroyTwitter porque los cambios en la API lo asesinaron. Twitter dejó de ser la red social que me encantaba y que hasta tenía que bloquear en ocasiones debido a la adicción que provocaba, a ser otra de esas compañías que dan una cierta sensación de “malvadas” y que uso solo porque sé que si me voy a una de las redes alternativas no tendré nadie que me lea.

A final de cuentas, ¿qué es lo que Twitter ha ganado? Se sabe que su ritmo de crecimiento no hace más que disminuir, su salida a bolsa ha sido un fiasco, y su estrategia de capitalización es muy mejorable y no era incompatible en ningún sentido con el ecosistema de clientes. Incluso me pongo a pensar: si Twitter hubiera empezado desde el principio con las políticas que tiene ahora, ¿habría llegado hasta donde se encuentra?

Lo que queda es esperar a ver si los altos mandos se dan cuenta algún día de cuál es la red que están dirigiendo, o por lo menos que su siguiente acción no atente más contra lo que el viejo Twitter forjó.

Imágenes | Sacra Som, SocialNext, Ubuntu Buzz

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