La pesadilla de no tener tarjeta de crédito

NOTA: Disculpen el tamaño microscópico de la mayoría de las imágenes, no sé si en la época en que publiqué esta entrada esa resolución no se consideraba tan mala, o yo tenía vista de halcón.

La historia que les voy a relatar a continuación, por terrible y espantosa que pueda parecer, es verídica. Le ocurrió a un tipo común y corriente (más corriente que común) llamado Manuel de la Fuente, o sea, moi (“muá”, o sea, yo).

Este tipo tenía un sueño. Un buen día de marzo quiso hacerse un blog con su nombre, pero se dio cuenta de que ya le habían ganado la dirección, y lo que era peor, la habían usado para escribir cosas que lo dejaron con cara de Cara de what?

Desearos lo mejor en este año 2006 que acaba de empezar. Y recordaros que el genero humano se rige por las alegorias y paralelismos como por ejemplo la teoría del atomismo lógico e internet, nunca debemos olvidar la dimensión axiológica del hombre y la visión holística y sinérgica de todo bicho viviente. Que sea para bueno y 'Tempus fugit'.

Amén. Pero como ese día andaba medio bloqueado, no se le ocurrió un nombre mejor y se limitó a comerse algunas letras del suyo. De esta manera nació manuelfuente.blogspot.com, escribió algunas cosillas en él, lo promocionó y todo anduvo de perlas. Sin embargo, se le quedó clavada la espinita del nombre. Sería por perfeccionista, por indeciso, o porque simplemente no sabe elegir bien a la primera. Así que desde entonces pensaba “llegará el día en que pueda librarme del “manuelfuente” y del “.blogspot”, me compraré mi propio nombre de dominio, me uniré al grupo de los elegidos que gozan de las maravillas del .com, y todos mis sueños se harán realidad”. Mago

Pequeño iluso. No tenía idea de que ese hermoso sueño se iba a convertir muy pronto en una espantosa pesadilla… ¡la pesadilla de no tener tarjeta de crédito!

El grito - Edvard Munch

Todo comenzó una fría y oscura noche de… bueno, de hecho creo que fue una tarde, estaba soleado, y de la fecha ni quién se acuerde. El tipo éste andaba moviéndole a las pestañitas del panel de Blogger a ver qué encontraba, y por ahí en “Publicación” decía algo acerca del dominio personalizado. ¡Genial! Y le dio clic ahí.

¿Qué dirección quieres que tenga tu blog?- le preguntó Blogger.

manueldelafuente.com– contestó él –, para que ya no digan que me conformo con versiones pirateadas de mi propio nombre.

manueldelafuente.com está disponible: Dominio registrado durante un año por 10 USD, Registro de dominio privado para evitar spam sin coste adicional, Control absoluto de DNS y administración de dominio, Configurado automáticamente para funcionar con servicios de Google, Correo electrónico, calendario, mensajería instantánea, páginas web, y un largo etcétera sin cargo adicional.

¡Más genial! Y le dio clic en el botoncito. Le preguntaron algunas cosillas personales y lo pasaron al Google Checkout para que pagara. Ahí, la palabra “tarjeta”, aquella palabra maldita que habría de perseguirlo despiadadamente durante meses, apareció por primera vez:

Introduzca un método de pago - Número de tarjeta

-Oye, pues no tengo tarjeta de crédito (ni siquiera trabajo, hombre, soy estudiante). ¿Cómo le hacemos?

Métodos de pago - Tarjetas de crédito, débito o regalo

-De débito. Sí, creo que de esas sí puedo conseguir.

Y se fue a recorrer los bancos a ver en dónde podía conseguirse su tarjetita. Iba motivado, alegre, pensando en que muy pronto el sueño de lucir su flamante .com personalizado se haría realidad, pero en todas partes a donde iba le recordaban que, por lo pronto, seguía soñando.

¿Cuánto costaba tramitar una tarjeta de débito en Banorte? 500 pesos. ¿En Bancomer? 1100. ¿En Banamex? 1500. ¿En Santander Serfin? 5000.

En la torre. Al final llegó al banco de los pobres, el Banco Azteca, y ahí le dieron su tarjeta por 50 pesillos, y no le cobrarían comisiones porque sabían que no tenía ni en qué caerse muerto. Estiró sus ahorros para meterle 200 pesos a la cuenta (según él eso eran 10 dólares), y feliz como una lombriz se fue a su casa y se plantó frente a la computadora. Entró otra vez a Blogger, pasó al Google Checkout y muy emocionado escribió los números de su nueva y brillante tarjeta.

Your current payment method is not valid

-¿Qué onda? ¿Habré escrito mal algún número?

Lo escribió todo otra vez, y nada. Revisó su saldo y tenía de sobra, llamó a los de Banco Azteca y le dijeron que todo bien. ¿Qué rayos pasa entonces? Hasta que los sabios de Yahoo! Respuestas resolvieron sus dudas:

Que puedo pagar con la tarjeta Guardadito de Banco azteca? - | ... si tu tarjeta ademas de que diga visa o mastercard tambien dice electron osea: visa electron etc. pues ya te fregaste por que solo te sirve para retirar dinero en cajeros y para pagar el super, pero de ahi en fuera por ejemplo en las paginas para pagar tus servicios por internet no te sirve, no se por que pero no las aceptan. - ES VISA ELECTRON, rayos

Sí, VISA Electron. Para la otra te fijas bien en lo que compras. 250 pesos a la basura.

Pero no se amedrentó. Sabía que había muchas formas de comprar un dominio, sabía que Google era solo un asociado de GoDaddy, y sabía que el tonto de Google Checkout era solo una copia pirata del original PayPal, los cuales seguramente no le pedirían que fuera rico para poder gastarse 10 miserables dólares… o eso pensaba.

Ya registrado en GoDaddy se encontró con esto:

Select your payment method - PayPal

Y al llegar a PayPal se encontró con esto otro:

Pagar a PayPal

Más y más tarjetas, pero cuando menos ahora decía algo de cuenta bancaria. A lo mejor podía hacer una transferencia desde la cuenta asociada a su tarjeta Guardadito. Y sí, en PayPal venía la CLABE para transferir dinero, así que muy alegre otra vez imprimió los datos y se fue al banco a comprarse su dominio.

Pobre de él. No consideró lo poco que conocía el Banco Azteca a sus compañeros del extranjero, ya que ni siquiera sabía de la existencia del banco en donde PayPal tenía su cuenta. La transferencia era imposible.

Pero el muy terco no se rendía; desde hacía tiempo que esto era algo personal, y mientras más se negara el mundo a darle su dominio, más se empeñaría en conseguirlo. Así que siguió investigando, y por ahí alguien le dijo que podía sacarse una CuentaDigital para pagarle a PayPal sin tarjeta de crédito.

Y eso hizo, sacó una cuenta digital y fue al banco a depositarle. Por fortuna se encontró con que la cuenta estaba bloqueada, porque si no la habría regado de nuevo: un poquito más abajo, en el último comentario, había un enlace a un foro en donde se aclaraba con letras grandotas y en negritas: YA NO SIRVE. No supo por qué ni le importó. Estaba harto. El dominio sería suyo y punto, pero si no podía conseguirlo solo, pediría ayuda.

No tenía tarjeta de crédito, pero en ninguna parte decía que para abonar a su cuenta la tarjeta también debería ser suya. Algún amigo debería tener una, y se le ocurrió que tal vez pudiera usarlo como intermediario: si le depositaba los 10 dólares a la tarjeta de su amigo y éste se los transfería a su cuenta de PayPal, burlaría esa piedra tan molesta y podría comprar su dominio.

Le escribió a varias personas, y ¡oh, sorpresa! Una no solo aceptó, sino que a los pocos minutos ya le había mandado el dinero a su PayPal para que se los pagara en cuanto pudiera. ¿No era un amigazo? ¿En estos días quién le presta dinero así de fácil a gente que ni siquiera conoce personalmente?

Moi se deshizo en agradecimientos porque lo hubieran sacado de su pesadilla, y feliz de la vida se dirigió a GoDaddy, preparó el carrito de compra con el nombre que quería y un código de descuento que, por si no fuera suficiente, su amigo también le había pasado (estos no son amigos, son santos), seleccionó PayPal como método de pago; y triunfante dio clic en “Continue With Checkout”.

Añadir nueva tarjeta de débito o crédito - Para completar la donación, añada una tarjeta de crédito o de débito

¡OH, DIOS, EL FANTASMA DE LAS TARJETAS DE CRÉDITO NO SE IBA! Tan cerca y tan lejos; había visto su dominio más claramente que nunca, lo había acariciado, casi lo tenía en las manos y no iba a dejar que se le escurriera ahora, no después de haber soportado una tortura interminable por poseerlo.

En ese momento se sacó el último as que tenía bajo la manga: le regresó el dinero a su amigo, le pasó su usuario y contraseña de GoDaddy, y le pidió que le comprara el dominio. Ya que ni GoDaddy ni PayPal querían saber nada de él, probablemente serían más amables con su amigo que sí tenía tarjeta.

Esa noche, luego de enviar el correo, se fue a la cama muy decaído. No sabía lo que iba a pasar, a lo mejor había estado desperdiciando el tiempo y el maravilloso .com que tanto ansiaba nunca sería suyo, a lo mejor otra estúpida traba de GoDaddy, de PayPal o de ambos le impediría a su amigo poder ayudarlo. Cualquier otro muro podía aparecerse en el camino y las herramientas para derribarlo acababan de agotársele.

Por la mañana, apenas se hubo levantado, abrió el Thunderbird para ver si había mensajes nuevos, y sí, en su bandeja de entrada había uno de su amigo, solo una palabra y un emoticón, pero nada podía ser más reconfortante: Listo 🙂

¡Sí, por fin! Entró a su cuenta de GoDaddy y ahí estaba, manueldelafuente.com, acreditado a su cuenta y listo para que hiciera con él lo que se le viniera en gana. La pesadilla había terminado… ¿o no?

Tal vez. Pero había algo más: el dominio que tanto quería al fin era suyo, pero para hacerlo funcionar había que pasar de la pesadilla de las tarjetas de crédito a… ¡la pesadilla de la configuración del dominio!

El grito - Edvard Munch

Por suerte, en eso andaba cuando se topó con el Foro de SpamLoco.net, en 5 minutos arregló todo y manueldelafuente.com pasó de pesadilla a sueño hecho realidad.